El embarazo de la perra

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chihuahua




Fotografía cortesía de: Ashley J. Photography

Permitir que nuestra perra tenga una camada de cachorros puede ser provechoso, y una experiencia realmente gratificante pero no deberíamos hacerlos sin antes pensarlo y analizarlo seriamente.

No sacaremos ningún beneficio económico cuando veamos el trabajo y los inconvenientes causados por los cuidados que requieren tanto la perra como posteriormente los cachorros, por lo que es preferible adoptar o comprar un perro directamente a un criador responsable o albergue de animales.

Tan sólo una puntualización: ninguna perra necesita parir a lo largo de su vida. Es falso que el ser madre sea beneficioso para su salud. Cada año se abandonan en España miles de perros que acabarán atropellados, vagando por nuestras ciudades y pueblos sin nadie que les haga caso.

Los que tengan más suerte, acabarán acogidos en alguna protectora o albergue en espera de ser adoptados. Si tienes una perra y has decidido cruzarla, se consciente de lo que haces, y lo más importante, ten un hogar pensado para sus hijos antes de hacerlo. Ellos o ellas te lo agradecerán.

Hay que considerar también que algunas razas sólo pueden parir por medio de cesárea, lo cual supone un gasto extra. En todos los embarazos conviene contar con la supervisión de un veterinario que controle a la perra.

bulldog

Fotografía cortesía de: Marta Breijo
https://www.flickr.com/photos/martabreijo/

Antes de tomar la decisión de cruzar la hembra, conviene hablar con un criador de la misma raza para asesorarse sobre el número aproximado de cachorros que puede tener la perra, que dependiendo de la raza y la cantidad de veces que se realice el cruce (como máximo dos montas), será mayor o menor.

En general, los perros grandes suelen tener camadas más numerosas (entre 6 y 14 cachorros) y los pequeños, en función de su raza, pueden tener de uno a 4 cachorros. También es recomendable antes de cruzar la perra consultar con amigos o conocidos, para saber quienes están dispuestos a quedarse con algún cachorro en el caso de que no sean vendidos o puedan ser regalados.

Si tenemos una idea aproximada de la cantidad de cachorros que puede llegar a tener nuestra perra, y hacemos un sondeo previo para saber cuantas personas están dispuestas a quedarse con nuestros cachorros, evitaremos el problema de tener que buscar un hogar para ellos, lo cual no siempre es fácil.

Un vez tengamos claro este tema, deberemos decidir cuando debe criar. Por regla general, las perras tienen dos épocas de celo al año, cada 6 meses.

La edad idónea para el primer cruce (siempre en función de la raza) suele ser cuando esté físicamente madura, alrededor de los 18 meses de edad. Es conveniente que la perra sea cruzada a partir del segundo celo, ya que hay mayores posibilidades de que tenga una camada fuerte y sana.

 

El momento del cruce

puppy cachorro

Fotografía cortesía de: Patrick Hayes https://www.flickr.com/photos/buzzhayes/

Algunos criadores opinan que 10 días después de empezar la descarga (proestro). El proestro es el período que transcurre desde que comienza el sangrado, hasta que la hembra se deja montar. Lo fundamental que se observa en este período es el sangrado, pero además hay agrandamiento de la vulva.

Otra característica es que los machos siguen a la perra aunque ésta no se deje montar. Este periodo tiene una duración de entre 4 y 15 días, con un promedio de 9 a 11 días .

Se considera que esta es la mejor época para cruzarse, aunque otros prefieren 12 días después del inicio del proestro. Un buen procedimiento para asegurar el embarazo dela hembra es el cruce doble en el décimo día y el doceavo, o en el onceavo y treceavo día.

Para saber cuando es el momento apropiado, hay que anotar la fecha del primer celo de la perra para poder calcular cuando será el siguiente y estar atentos para contar los días a partir del segundo celo, sin que se pase la fecha de la monta.

La mayoría de los machos son iniciados alrededor de los 10 meses para la monta y es mejor utilizar un macho o hembra con experiencia para llevar a cabo este proceso.

Una perra puede rehusar el cruce si no está acostumbrada a otros perros ya que conviene tener en cuenta que hay razas de naturaleza más agresiva que otras con las que puede ser difícil realizar la monta, por lo que es aconsejable dejarse asesorar por un veterinario o criador.

La monta dura unos 20 minutos, tiempo en el que permaneceremos cerca para evitar que la perra se pueda poner nerviosa y tratar de marcharse demasiado pronto, pudiendo provocar daños a ambos animales, por lo que estaremos atentos para tranquilizarla y asistirla si eso llegase a ocurrir.



El embarazo

Durante las primeras 4 semanas después del cruce, no notaremos demasiados cambios en nuestra perra. De hecho, algunas perras no muestran signos de embarazo hasta que nacen los cachorros. El embarazo dura un promedio de 63 días, aunque los cachorros pueden nacer vivos hasta siete días antes o después.

Por la fecha del cruce podremos calcular la fecha del parto. Para un veterinario, es posible diagnosticar el embarazo a los 24 ó 30 días. El crecimiento del fluido de los sacos amnióticos que rodean a los cachorros pueden sentirse como esferas tenses en el útero y generalmente se puede observar a  simple vista a partir de los 45 días.

Si es la primera vez que criamos, y es una perra primeriza, hay que llevarla al veterinario a las 3 ó 4 semanas después del cruce  para que inspeccione a la perra y confirme el embarazo, y nos facilite consejos en la alimentación y el cuidado.

Cuando la perra entra en la quinta o sexta semana del embarazo, necesitará más comida, entre un tercio y la mitad más de la ración normal.

Las comidas deberán administrarse en menor cantidad, pero más frecuentes debido a que el feto que crece ocupa una buena parte del espacio abdominal y una ingestión grande de comida la llenaría demasiado rápido.

Para promover la lactancia posterior la perra necesitará proteínas adicionales, por lo que se le puede suministrar algo de leche, queso, huevos y carne durante el periodo del embarazo con la finalidad de que adquiera los nutrientes que necesita.

 

El parto

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Fotografía cortesía de: Paolo Dy
https://www.flickr.com/photos/paolody/

El momento mismo del parto no debe, en ningún caso, obviarse. La perra debe estar en un ambiente tranquilo y sin extraños, personas y animales ajenos a la casa, que puedan alterar el parto normal del animal. Y preferentemente, con la persona con quien tenga más confianza.

Unos días antes del parto, la perra buscará lugares oscuros en la vivienda (debajo de la cama, dentro de un cuarto pequeño o  cualquier rincón donde ella se sienta tranquila). Comenzará a rascar el suelo para “preparar” el lugar apropiado para la llegada de su camada.

Un asunto para nada baladí y que puede eliminar muchos de los problemas de un buen parto y el postparto es la preparación de la paridera. Consiste en la fabricación de una caja cuadrada o rectangular, de un tamaño lo suficientemente grande como para que la perra pueda estirarse en él con comodidad y sobre espacio para toda la camada; hemos de evitar a toda costa que la perra pueda aplastar a los cachorros al tumbarse.

Los laterales de esta paridera han de tener una altura que impida que los cachorros puedan saltar fuera, pero que no evite, asimismo, que la perra pueda entrar y salir sin dificultad.

Las dimensiones de este espacio dependerán, por lo tanto, de la raza de la perra. Es aconsejable que el fondo esté acolchado con toallas o empapadores desechables para que la perra y los cachorros estén más cómodos y evitar el frío directo del suelo. Los empapadores son prácticos porque pueden ser cambiadas cuando se ensucien sin dificultad.

La primera etapa del parto se inicia con el principio de las contracciones uterinas y culmina cuando el cuello del útero está dilatado por completo.

La duración promedio de esta etapa del parto es de 6 a 12 horas, pero puede alcanzar las 24. Durante esta fase, la perra estará inquieta, nerviosa, y no suele comer, y se la puede ver estremecerse, jadear, vomitar, masticar, rascar el piso, o dar paseos. La mayoría de ellas buscan la soledad, y muestran el deseo de hacer un nido (escarban o rasgan material) durante o cerca del término de esta fase del trabajo de parto.

La segunda etapa  se inicia con la dilatación completa del cuello del útero y concluye con la expulsión completa del feto; la etapa III se inicia después de la expulsión del feto y termina con la de la placenta. Las perras que tienen más de un cachorro alternan las etapas II y III, cuya duración es muy variable.

La madre puede tardar en expulsar a la totalidad de los cachorros entre 24 y 36 horas. Las contracciones suelen ser visibles, y la perra se tumbará de lado o permanecerá en cuclillas. Con la expulsión de cada cachorro, la membrana corioalantoidea se rompe o la perra la desgarra mordiéndola o lamiéndola para retirarla. Las membranas amnióticas que tiene el cachorro al nacer también deben ser retiradas por la perra.

dobermann pinscher rojo

Fotografía cortesía de: Hanna Maria
https://www.flickr.com/photos/devilstar/
http://web.zone.ee/devilstarsdobermanns/

El tiempo entre el inicio de la segunda etapa del trabajo de parto y el nacimiento del primer cachorro es variable. Por lo general no suele durar más de 10 a 30 minutos. Un esfuerzo activo durante más de 1 hora debe causar preocupación, y en tal caso, deberá consultarse a un veterinario.

El tiempo que transcurre entre el nacimiento de los cachorros es también muy variable. No es raro que una perra tenga varios cachorros y que repose durante un periodo antes de reiniciar el proceso de parto. En estas circunstancias, un retraso mayor de 4 a 6 horas causa preocupación.

Una perra alterada, atemorizada o nerviosa puede interrumpir el parto, por lo que es sumamente importante que en esos momentos se encuentre rodeada exclusivamente por las personas con las convive habitualmente, y en un lugar en el que se encuentre segura. Si no es así, veremos que la madre traslada a los cachorros de un lugar a otro, y en situaciones límite, podrá llegar a abandonarlos e incluso a matarlos.

La placenta suele expulsarse 5 a 15 minutos después del nacimiento del cachorro, aunque en ocasiones una o dos placentas pueden seguir al nacimiento de dos cachorros que no las tenían.

El orden de nacimiento suele alternarse entre los cuernos uterinos. Casi en el 40% de los casos los cachorros nacen en presentación pélvica (“de culo”), que no es anormal, ni predispone a distocia en la perra.

Las madres suelen comer las placentas, y aunque en su momento se pensó que lo hacían porque favorecía las contracciones uterinas, hoy en día sabemos que no tiene ningún beneficio para el animal, e incluso en ocasiones puede provocar vómitos, por lo que si estimáis recogerlas y tirarlas, tampoco pasará nada.

La perra debe lamer al recién nacido vigorosamente para retirar todas las membranas de su cara, y promover la respiración. Si esto no ocurre en 1-3 minutos, se debe intervenir limpiándolo con un trapo seco.

Si se aprecia que hay muchos líquidos en la boca, será necesario extraerlos, siendo en ocasiones muy útil el uso de una perilla. Si el cachorro no respira adecuadamente, se le podrá estimular estirando suavemente de la punta de la lengua hacia nosotros, y si vemos que no respiran, un leve masaje torácico podrá salvar su vida.

La perra corta el cordón umbilical con sus dientes. Una vez más, si no lo hace, podéis usar un cordel fino (hilo de coser) y hacer dos nudos en el mismo, colocando el primero a 2,5 cm de la pared abdominal, y el segundo a 0.5 cm más distal. Con unas tijeras limpias se corta entre ambos nudos.

No es de extrañar que algunas perras amamanten a sus cachorros entre parto y parto, especialmente si el número de ellos es elevado.

Después del alumbramiento, el útero tiene un periodo de reparación. Una vez que ésta concluye, la matriz recupera su condición de anestro, y estará preparado para entrar en diestro. La mayor parte de la involución ocurre entre las 4 y 6 semanas posteriores al parto. Durante este tiempo podréis observar una descarga vaginal inodora, verde, roja oscura, o marrón u obviamente sanguinolenta que recibe el nombre de “loquios”.

Si la perra muestra un comportamiento normal durante este periodo no habrá de que preocuparse, pero si se muestra anoréxica en exceso pasadas las primeras 24 horas después de haber parido a todos los cachorros, y febril, podrá estar sufriendo una infección uterina que necesitará de la rápida intervención de un veterinario.

Además de todos estos cuidados, comienza el momento de la lactancia, que requerirá ciertos cuidados especiales tanto de los cachorros neonatos, como de la nueva mamá.




El pedigree

 

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Fotografía cortesía de: Anthony Helton
https://www.flickr.com/photos/27635537@N02/

Si la perra es de raza hay que leer e informarse bien sobre los problemas específicos que puede llegar a tener, o si el parto debe ser por cesárea (como el caso de los bulldog ingleses).

Si queremos criar cachorros con pedigrí hay que estar seguros de que ambos perros esten registrados en un club de criadores.

El pedigree acreditará que el cachorro es de pura raza, sin que se hayan producido cruces indeseados entre sus antecesores, como mínimo hasta la tercera generación. Los cachorros deberán inscribirse en el Libro de Orígenes Español (LOE) que posee la Real Sociedad Canina de España.

Para la inscripción de la camada hay que seguir los siguientes pasos:

Todos los propietarios del macho y de la hembra deberán firmar el documento

La hembra deberá tener más de un año y menos de 10 años en el momento de la monta, y el macho más de 9 meses y menos de 12 años. Ambos perros deberán ser de la misma raza. Hay que saber que existen algunas razas caninas que tienen incompatibilidades de tipos de pelo, colores y/o tamaños.

Si no se tiene la seguridad de que el cruce que se pretende llevar a cabo no incurrirá en incompatibilidad alguna, es recomendable consultar con la RSCE.

Tras la inscripción, se le asignará a cada cachorro un número de registro en el Libro de Orígenes Español (LOE) y se entregará al criador o propietario un Justificante de Inscripción en el LOE, con el número de inscripción que se le ha asignado, por cada cachorro de la camada.

Si deseamos vender o ceder un cachorro, deberemos proceder a la cesión de propiedad. Cuando cambia por primera vez la propiedad de un cachorro, por compra o cualquier otro motivo, se deberá cumplimentar el reverso del Justificante de Inscripción en el LOE, para la solicitud de cesión de propiedad. Deberán firmar todos los propietarios anteriores y los nuevos propietarios.

La presentación de este documento rellenado es requisito indispensable para que se pueda realizar la transmisión de la propiedad del perro. Los nuevos propietarios recibirán el pedigree del ejemplar, en donde figurarán como propietarios.




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