Enseñar al cachorro la orden de venir

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Fotografía cortesía de: Andrés R. Photography

A nuestro perro le gusta escuchar la voz de su humano, sobre todo si habla con él cariñosamente, cosa que deberían hacer a menudo. Aunque durante la etapa de cachorro nuestras palabras signifiquen poco para él, prestará gran atención a nuestro tono de voz y sabrá reaccionar instintivamente de manera adecuada, gracias a los miles de años que nos llevan acompañando estos maravillosos animales.

La alabanza y recompensa como base de la educación

Durante los ejercicios de adiestramiento, tanto si se trata de un cachorro, como de un perro adulto, tiene que haber armonía entre el hombre y el animal.

Cuanto mas distendidamente actúe el propietario, más dispuesto a aprender estará el perro.

Las alabanzas son para el perro “psiquicamente necesarias”, igual que para las personas: se crece con ellas, le motivan y le hacen feliz.

Hay que alabar al perro por principio, y no sólo como premio. Es muy eficaz, acompañar las alabanzas con caricias, una vez haya finalizado el ejercicio.

Mientras se está realizando el adiestramiento, se recompensará al perro únicamente mediante palabras, ya que si se le dan palmaditas o caricias, se distraerá y desviará su atención, y no querrá seguir practicando el ejercicio que les estamos enseñando.

Dar las órdenes en el tono adecuado

Las órdenes y las voces de mando deben distinguirse claramente de las palabras monosilábicas que requieren un tono claro y definido.

El ejercicio de venir

Este ejercicio tiene por objeto que el perro obedezca a la voz de “ven”, y acuda donde está su dueño, y es sencillo de realizar.

Como el cachorro desea estar siempre al lado de su humano, basta con que nos alejemos de él y lo llamemos. Cuando haya acudido a nuestra llamada, una pequeña chuchería, le servirá de recompensa y facilitará el aprendizaje. Esto es relativamente sencillo de conseguir en poco tiempo.

Estas enseñanzas, que forman parte de la educación mínima y básica que debe tener cualquier perro, contribuirán a que nuestro perro se convierta en una mascota educada y obediente, que nos podrá acompañar a cualquier parte cuando debamos estar fuera de casa por vacaciones, o de visita.

Si nuestro cachorrito no viene cuando se le llama, no hay que ir nunca detrás de él, porque conseguiríamos el efecto contrario: el perrito saldrá corriendo en dirección contraria a donde estamos nosotros.

Por tanto, es conveniente, atraerlo con una golosina especial para perros, para reforzar el ejercicio.

Jamás hay que reñir ni castigar al perro si no nos hace caso, porque si lo hacemos, cada vez será más difícil conseguir que acuda a nuestra llamada. Tampoco conviene agarrarlo porque no querrá venir la próxima vez.

Cuando hayas repetido el ejercicio de acudir a la llamada varias veces y el perro empiece a obedecer, además de premiarle con su golosina favorita también deberemos jugar con él o darle su juguete favorito para que la perspectiva de las golosinas no se convierta en su motivación principal, pues entonces sólo acudiría si consigue chucherías.

Lo mas importante, es conseguir que las expectativas del premio lo motiven lo suficiente para que acuda a nuestra llamada.

Cualquier recompensa que se utilice para motivar al perro al aprendizaje, debe ser de gran valor hasta que observemos que nuestro peludo  responde siempre a nuestras órdenes.

Cuando se haya conseguido esto, se deberán espaciar las recompensas hasta eliminarlas por completo, excepto las alabanzas o caricias cuando acuda a nuestra llamada.

De hecho, el uso de las golosinas como forma de recompensar al perro, deberán usarse de manera intermitente, pasado el primero periodo de aprendizaje, nuestra mascotas acudirá igualmente, pensando en la posibilidad de que le demos una golosina, caricia o juguete.

Distintas razas, distintos tiempos de aprendizaje

Cabe considerar que en función de la raza del perro, tardará más o menos tiempo en realizar cada ejercicio, por lo que conviene consultar el apartado de razas caninas para sabes cuantas veces habrá que repetir los ejercicios hasta que nuestro perro haya aprendido a obedecer la orden de venir.

Mientras que un Galgo Afgano necesitará entre 30 y 40 repeticiones para aprender y obedecer cuando se le enseña algún ejercicio, el Cocker Spaniel Inglés tarda tan sólo entre 5 y 15 repeticiones en comprender y obedecer nuestras órdenes.

 

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