Los peligros del uso de corticoides en los perros

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yorkshire terrier
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Foto cortesía de: David Couillard
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Fotografía cortesía de: David Couillard

La Prednisona es un fármaco corticosteroide que se suministra usualmente de forma oral, pero también puede ser administrado por vía intramuscular (en inyecciones) y es utilizado para un gran número de afecciones tanto en seres humanos, como en animales. Su ingestión tiene principalmente un efecto glucocorticoide.

Resulta muy eficaz en el tratamiento de enfermedades autoinmunes como la Enfermedad de Addison o Enfermedad de Crohn, y también en tratamientos de enfermedades inflamatorias como alergias, asma y artritis reumatoide.

Este medicamento se convierte en prednisolona en el hígado del paciente. Debido a que se trata de un fármaco inmunosupresor, anula el sistema inmunológico.

El uso en los perros puede producir una cantidad de problemas secundarios serios, por lo que debe estar controlado siempre por el veterinario, quien deberá realizar periódicamente pruebas para una valoración de los efectos en el animal. El uso de este medicamento puede originar incluso la muerte del perro.

 

Los efectos secundarios en el perro suelen ser mas graves que en seres humanos

 

Exceso de sed y hambre: el exceso de sed hace que el animal beba y orine mas veces, y debido a que debilita o anula el sistema inmunológico puede ocasionar infecciones urinarias. El exceso de hambre le puede provocar un exceso de peso, lo cual no beneficia tampoco el proceso de curación.

Trastornos gastrointestinales: En ocasiones el medicamento puede causar problemas gastrointestinales como diarrea, vómitos, úlceras de estómago y molestias relacionadas con el aparato gastrointestinal en general.

Diabetes: El uso a largo plazo de Prednisona puede causar diabetes en el perro. Esto ocurre cuando el cuerpo es incapaz de producir suficiente insulina, o cuando el cuerpo no puede absorber el exceso de insulina que está produciendo. Esto hará que aumente la glucosa en la sangre, lo que conduce a la diabetes.

Enfermedades oculares: Este fármaco puede causar problemas en la vista como visión deficiente, glaucoma y cataratas.

Atrofia muscular y fatiga: El uso de Prednisona en el perro puede causar efectos secundarios tales como debilidad y fatiga, motivo por el que en caso de presentar estos síntomas, se deberá abandonar el tratamiento progesivamente, siguiendo las instrucciones del veterinario.




Inflamación: El uso prolongado de Prednisona puede causar dolor e inflamación en las articulaciones, lo que provocará que el perro tenga dificultades al caminar.

Cambios en el comportamiento: El perro, como consecuencia de la ingesta de Prednisona, puede presentar cambios súbitos de comportamiento como inquietud excesiva, ansiedad o agresividad. Por ello, es importante vigilar también el comportamiento del perro mientras dura el tratamiento.

Problemas capilares y en la piel: Otro de los múltiples efectos secundarios de este medicamento es la pérdida de pelo y adelgazamiento de la piel. El pelo también puede perder brillo. Estos efectos secundarios pueden hacer que el perro se vuelva propenso a contraer infecciones cutáneas, difíciles de curar.

La Enfermedad de Cushing: También conocida como hiperadrenocorticismo, es uno de los efectos secundarios más graves que puede tener el uso de este fármaco. Está causado por un desequilibrio  hormonal que resulta en la sobreproducción de la hormona cortisona.

Los síntomas de la Enfermedad de Cushing en el perro incluyen hambre excesiva, sed, necesidad de orinar con mucha frecuencia, aumento o pérdida de peso y un sistema inmunológico considerablemente debilitado.

Cómo hay que retirarle el medicamento al perro: La ingesta deberá ir disminuyendo gradualmente para evitar que una retirada repentina le provoque una deficiencia o ausencia de cortisol en el cuerpo que desemboque en una crisis suprarrenal.

Algunos síntomas de abstinencia debido a una retirada repentina pueden incluir malestar, debilidad fatiga, vómitos, cambios comportamiento, pérdida de apetito y dificultad para respirar.

Por tanto, su retirada deberá realizarse bajo la supervisión de un veterinario, quien indicará en todo momento cuales serán las dosis que tendrá que ingerir, hasta que deje por completo el tratamiento para evitar los efectos del síndrome de abstinencia.

Es importante evitar que nuestro compañero desarrolle una enfermedad, y para ello lo mejor es la prevención. Realizar uno o dos controles anuales en el veterinario evitará que nos demos cuenta de un problema cuando la enfermedad esté en estado avanzado, igual que en las personas.



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