to top

Carácter, comportamiento innato y adquirido

springer spaniel ingles
Want create site? Find Free WordPress Themes and plugins.


La selección de una raza consiste, sobre todo, en conservar  mejorar el carácter típico de sus representantes. Es esencial que el ejemplar presente un comportamiento equilibrado : sería del todo aberrante sacrificar este aspecto en favor de una determinada característica morfológica, por importante que ésta sea.

Los sentidos del perro no se desarrollan del mismo modo que los de los humanos. Así, su olfato es claramente superior al nuestro. El perro se orienta, actúa, piensa y se expresa con el mundo exterior (hombres y animales) básicamente con la ayuda de los olores. El hombre, por el contrario, utiliza sobre todo la vista. Esta diferencias fundamentales han exigido al perro, en el transcurso de los siglos, un considerable esfuerzo de adaptación para comunicarse con el hombre. 

Cuando el dueño de un perro quiere comunicarse con él no deberá tratarlo como si fuera una persona o como un niño, mas bien debería aprender a conocer su verdadera naturaleza. Es preciso, ante todo, tener en cuenta cierto número de factores inscritos en el patrimonio genético de todos los cachorros desde su nacimiento.

1.- El temperamento: es el conjunto de todas sus disposiciones psicológicas; puede valorarse midiendo los tiempos de reacción del cachorro a las exigencias exteriores de cualquier clase.

2.- El carácter: es el conjunto de las cualidad físicas y morales del cachorro; es revelador de su capacidad de resistencia a las afrentas físicas y morales.

3.- La agresividad: es la capacidad de demostrar un comportamiento hostil; al mostrarse agresivo, el perro trata de reforzar su poder y reducir el del individuo que le agrede. Reacciona de este modo cuando siente su poder amenazado, con razón o sin ella.

4.- La combatividad: es la capacidad de lucha con terquedad para obtener o realizar cualquier cosa.

5.- La docilidad: es la capacidad de un perro o de un cachorro de integrarse en el grupo social, ya se trate de perros o humanos.

6.- La vigilancia: es la capacidad del perro de ejercer un atento control del medio que le rodea.

7.- La curiosidad: es el deseo de explorar y descubrir un medio que le es totalmente nuevo; no debe confundirse con la vigilancia.

Antes de valorar la importancia de estos factores en esta raza hay que decir que, si bien el carácter de cualquier perro sea de raza o mestizo, suele ser benigno y con buena determinación en la mayoría de los casos, también puede verse influido por las experiencias vividas y por la educación recibida.  

Comportamiento innato y comportamiento adquirido

El comportamiento innato es el que está inscrito en el patrimonio genético del perro. El reflejo de succión es un ejemplo clásico: el recién nacido, cuyas funciones vitales son incitadas por los cuidados maternos, se acerca de un modo instintivo a las zonas más cálidas del cuerpo de su madre (las mamas), moviendo la cabeza de modo rítmico en busca del pezón. Cuando lo encuentra, se pone automáticamente a mamar (Prechtl, 1958; Eibensfeildt, 1970). El comportamiento innato y el comportamiento adquirido se complementan. En los perros, al igual que en  otras especies, la capacidad de aprendizaje varía según los sujetos y en función de las actividades que deban desarrollar.

La agresividad

La agresividad no es más que la puesta en escena de un mecanismo de defensa. A menudo sucede que el perro reacciona con agresividad cuando se siente amenazado por personas, ruidos o luces. Algunos especialistas opinan que la agresividad es un comportamiento innato (Lorenz, 1966); otros sostienen que, al menos en parte, viene determinado por las experiencias infantiles (Scott). Sea como fuere, la agresividad constituye un acto de liberación que se manifiesta, en mayor o menor grado, en todas las razas caninas. No debe ser inhibida, sino subliminada por medio del juego y el adiestramiento. Efectivamente, se da una estrecha relación entre juego y agresividad. Hay que saber que un perro que reciba una gran cantidad de mensajes y estímulos es más activo, y debe recordarse a este propósito que el perro de compañía, por vivir precisamente en un medio humano, está a menudo en disposición de recibir multitud de estímulos. En algunos ejemplares la agresividad es un medio de monopolizar la atención del dueño para conseguir en exclusiva su afecto.

En los perros adultos la agresividad se sublima mediante la caza (para los perros cazadores), la defensa del territorio (para los perros de defensa y guardia) y el juego (básicamente para los perros de compañía). El juego, efectivamente, permite al perro simular comportamientos naturales: de este modo, correr detrás de una pelota equivaldría a hacerlo tras la presa, coger la pelota a capturar esa presa, etc.

El territorio

La defensa de su territorio permite al perro reducir de un modo natural su agresividad. En la naturaleza, una manada de lobos o de cánidos posee su propio territorio, que defiende por medio de signos ritualizados. El territorio pertenece a un grupo social organizado de manera jerárquica. 

Por lo general, el perro de compañía considera su casa como su territorio: el perro macho, por razones obvias, no puede delimitarlo con rasgos de orina, pero a pesar de todo cuida de su territorio: ladra cuando se presenta un intruso y se comporta más o menos dócilmente en presencia de invitados.

En las fronteras entre distintos territorios se dan con cierta frecuencia, en la naturaleza, luchas violentas entre los grupos en las que participan tanto los machos como las hembras. La territorialidad permite a los perros dominar a sus congéneres y conseguir favores de las hembras.

Durante las peleas actúan mecanismos inhibidores que impiden al animal vencedor matar al perdedor: el vencido emite señales de sumisión que frenan la violencia de su adversario. Echarse sobre la espalda y tender el cuello hacia delante son ejemplos característicos: es la señal que utilizan los perros cuando tratan de bloquear la agresividad de otros perros adultos o del hombre.

En la naturaleza, la jerarquía social consiste en reconocer al jefe de la manada como el ejemplar más fuerte. Este animal desempeña entonces un papel particular en la defensa del grupo y conserva ciertos privilegios (sobre la alimentación y sobre las hembras), hasta que un lobo o un cánido más joven y fuerte que él lo suplanta. 

Según los planteamientos etológicos, la figura del humano-dueño sustituiría en el perro la del jefe de la manada, al cual debe fidelidad. Parece que esto sería mas acertado en las razas que descienden del lobo, y en particular para las hembras, que para las que descienden del chacal o del coyote.

Algunos especialistas consideran que el macho asocia siempre la figura de su amo a la del compañero de manada que se ha convertido en jefe.

Parece ser que así sucede en el caso del perro. En otras palabras, las relaciones con el amo no están basadas en la sumisión a una raza superior, sino en una primacía adquirida por el hombre, que el animal considera como un simple compañero.

Cuando nuestra mascota ha sido criado correctamente, presenta todas las características que hacen del perro un animal muy sociable: fuera de la casa (sobre todo si se trata de un macho), marca su territorio, respeta los cachorros y los niños y utiliza una mímica compleja para seducir a las hembras o para amenazar a un adulto. Si se le regaña, tratará de enternecer a su amo echándose sobre la espalda y ofreciendo el cuello, exactamente como lo hacían sus ancestros por razones de supervivencia. 

El comportamiento del perro doméstico se desarrolla en cuatro fases:

A) un período neonatal (las dos primeras semanas de vida);

B) un período de transición (tercera semana);

C) un período juvenil (hasta la madurez sexual)

El período neonatal se caracteriza por la búsqueda de los pezones y la succión. Los cachorros que acaban de nacer gatean instintivamente hacia las regiones cálidas del cuerpo de la madre. Ésta los lame para despertar sus funciones vitales, sobre todo la defecación y la micción, y asearlos. Durante el proceso de limpieza los aparta de su cuerpo, de modo que los más débiles no consiguen siempre acceder a las mamas.

Durante el período de transición, los cachorros que ya empiezan a sostenerse sobre sus patas siguen a su madre y maman su leche aunque ésta esté de pie. Hacia el decimoctavo día se observan las primeras tentativas de socialización entre hermanos y los preliminares de exploración del medio que les rodea. La madre empieza entonces a dar alimento regurgitado a sus cachorros, que para solicitarlo la estimulan dándole pequeños golpes de hocico en la esquina de la boca. (Este comportamiento reaparece en la edad adulta, cuando el perro, para demostrar su afecto, salta hacia las comisuras de las boca de su amo). 

Durante el período de socialización, más conocido con el término inglés de imprinting (imprimación) o de identificación, los cachorros sienten la necesidad de establecer relaciones con sus hermanos a través de los juegos. Es un momento fundamental en sus vidas: descubren que pueden hacer sufrir a sus semejantes y ser ellos mismos las víctimas de su agresividad. Aprenden a conocer su cuerpo y sus reflejos. Exploran juntos el medio en torno a su perrera, excitándose mutuamente. 

Hacia la quinta semana se observan los primeros movimientos expresivos de las orejas. Por otra parte, se refuerza la expresividad del hocico y es mayor el repertorio vocal. Se asiste asimismo durante este periodo al inicio del desarrollo de una actividad de predación: el cachorro empieza a coger pequeños objetos con su boca y protege su botín ante los ataques de sus compañeros. 

Hacia la sexta semana se manifiestan los primeros comportamientos pseudo sexuales en los machos (tentativas de monta y movimientos rítmicos de la pelvis). Es esencial que el imprinting se produzca precisamente en este período crítico, pues no podría tener lugar más tarde; éste es el fenómeno que determina la sociabilidad y el comportamiento sexual del adulto. Si esta experiencia es mal vivida o no es vivida completamente, puede suponer un grave contratiempo en la vida futura del sujeto: problemas de comportamiento en relación con sus semejantes, incapacidad de acoplarse, etc.

Por lo que concierne al período  juvenil, es imposible en el perro distinguirlo con precisión de la pubertad. El único elemento realmente característico de esta etapa es el desarrollo, hacia la edad de siete meses, del comportamiento sexual, que se traduce en los primeros períodos de celo en las perras y por la capacidad física para acoplarse en el macho.

La vejez, que para las razas de gran tamaño empieza hacia los siete años, aparece mucho más tarde en las razas de talla pequeña. El perro, como ya hemos dicho, es un animal profundamente social. Desde las primeras peleas entre cachorros se tiende a establecer un sistema jerárquico que se implantará con el tiempo. Durante el período juvenil puede comprobarse cómo se desarrollan todos los sistemas de comunicación del perro, que pueden ser de naturaleza olfativa, posicional o sonora.

Con el tiempo, el perro de compañía ha aprendido a perfeccionar su comunicación visual adaptándola al mundo del hombre, que esencialmente está compuesto de imágenes. Asimismo, se ha visto obligado a inhibir en buena medida sus sistemas de comunicación olfativa (por razones de higiene en vigor entre los humanos) y acústica (los ladridos no están bien vistos en los pisos de las configuraciones urbanas). El desarrollo equilibrado del carácter del perro depende pues en gran medida, de la manera en que haya vivido su período de socialización. A este respecto, es preferible que el cachorro no sea apartado de su familia hasta transcurridos al menos dos meses, y que durante ese período disponga de suficientes estímulos y contactos con el hombre.

La única manera de comprobar personalmente que estas reglas han sido respetadas y que al cachorro nunca le ha faltado de nada es comprarlo directamente en un criadero especializado en la raza que buscamos.

Algunos vendedores de perros tienen, efectivamente, la mala costumbre de colocar los cachorros a sus distribuidores mucho antes de tiempo. Si compra usted un perro en una tienda, seguramente nunca sabrá nada de su pasado. Después de dos meses el cachorro finaliza su período de socialización y puede empezar su vida con el hombre. 

Para insistir en la importancia de una buena crianza, recordaría que la mayoría de los comportamientos “anormales” de un perro están relacionados con errores humanos: sobre todo cuando el cachorro haya sido insuficientemente socializado o ha carecido del contacto con sus congéneres. Así, la agresividad antes los niños o ante ciertas personas puede hallar su origen en experiencias traumatizantes para el cachorro.

En algunos ejemplares, el imprinting tiene lugar únicamente con el amo, que se convierte así en el objeto preferido de su perro. Y así puede llegar a ocurrir que lo asocie a la idea de que es su compañero sexual (Hediger, 1950). Como han demostrado numerosos estudios, la carencia de afecto y las privaciones sensoriales o sociales en edad temprana pueden acarrear desviaciones del comportamiento social y sexual del animal, incluso una incapacidad psicológica para reproducirse. En determinados casos eso desemboca aun en comportamientos profundamente asociales o en fenómenos de automutilación.

Para concluir, repitamos que es muy importante comprar el el cachorro en un lugar donde se puedan comprobar las condiciones en las cuales ha sido criado. Por otra parte, conviene a continuación seguir criándolo con sabiduría, respetando sus necesidades.


Did you find apk for android? You can find new Free Android Games and apps.

Maite Rodríguez

<p>Amante de los animales, la naturaleza, y la fotografía. Redacto artículos para mi blog canino, tratando de seleccionar temática que le sea de utilidad al lector, especialmente sobre enfermedades, razas, cuidados y los últimos avances científicos de nuestros fieles y peludos compañeros.</p>

})(jQuery)