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Enfermedades del Basenji 1ª Parte

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Fotografía cortesía de: Janneke de Graaf

 

A continuación vamos a explicar las principales enfermedades de origen genético y más comunes en los perros de raza Basenji.

El síndrome de Fanconi

 

El Síndrome de Fanconi es una enfermedad, generalmente considerada de origen genético en el Basenji, caracterizada por una insuficiencia renal producida por una deficiencia en el organismo que ocasiona una reabsorción tubular, que puede dar lugar a poliuria, polidipsia (PU/PD) con glucoruria, aminoacidura generalizada, proteinuria, pérdida de múltiples vitaminas, minerales, electrolitos y bicarbonato.

La enfermedad lleva el nombre de su descubridor, el Dr. Guido Fanconi, un pediatra suizo. Estas pérdidas dan lugar a una acidosis metabólica, pérdida de proteínas, pérdida de masa muscular, pérdida de peso y mialgia.

Si estos problemas no se corrigen a tiempo, se origina un aumento de la acidosis, lo que obliga al sistema respiratorio a compensar estas pérdidas, obligándole a realizar un mayor esfuerzo. Todo ello conduce a una insuficiencia renal progresiva y degenerativa, que puede derivar en un fallo multisistémico, que resultaría en la muerte del perro si la enfermedad no es detectada y tratada a tiempo.

Con un diagnóstico a tiempo, el veterinario podrá someter al Basenji al tratamiento para el control de la enfermedad durante toda la vida. La detección temprana de la enfermedad tiene un pronóstico excelente para la supervivencia saludable a largo plazo del Basenji. La corrección del componente de ácido base parece ralentizar drásticamente la progresión degenerativa.

Aunque este trastorno es más frecuente en la raza de perros Basenji, también está presente en muchas otras razas de perros y en otros mamíferos, incluidos los humanos. Existe un síndrome similar que ha sido identificado también en las aves.

Aproximadamente, el 75 por ciento de los casos han sido detectados en la raza Basenji; las estimaciones de la prevalencia de esta enfermedad dentro de la raza Basenji en Norteamérica alcanza el rango de entre el 10 y el 30 por ciento. Aunque se sabe que el síndrome de Fanconi es un rasgo hereditario en esta raza, se desconoce el modo de transmisión genética.

 

SÍNTOMAS: Micción excesiva (poliuria). Sed excesiva (polidipsia). Disminución del apetito. Pérdida de peso. Letargo. Disminución de la condición corporal. Reducción y/o crecimiento anormal (raquitismo) en los peros jóvenes, y en animales en crecimiento.





DIAGNÓSTICO:  La aparición de la enfermedad en general, suele producirse entre los 4 y 7 años, pero los signos clínicos pueden aparecer con anterioridad.

Los índices de supervivencia varían en función de los estudios, pero cuando se ha impuesto un tratamiento dietético tras el diagnóstico, la esperanza de vida puede ser de hasta 5 años.

El veterinario realizará un perfil sanguíneo completo del perro, incluyendo un perfil químico de sangre, un recuento sanguíneo completo, y un análisis de gases en la sangre probablemente también puede ser utilizado para determinar si los riñones están funcionando normalmente con respecto a la absorción.

El propietario del perro deberá facilitar al veterinario un historial completo de la salud de su mascota, y del inicio de los síntomas.

 

PREVENCIÓN: Evitar los medicamentos nefrotóxicos (tóxicos para el riñón), o los que tienen el potencial de causar el síndrome de Fanconi (ver causas).

 

TRATAMIENTO: Suspender todos los tratamientos que puedan causar el síndrome de Fanconi, o el tratamiento de una intoxicación específica.

En primer lugar, se tratará de modificar la dieta. Es, sin duda, la parte del tratamiento que más se recomienda para estos pacientes. Las dietas más adecuadas son aquéllas que se modifican a partir de las dietas de mantenimiento, lo que incluye reducir el contenido de proteínas, fósforo y sodio, aumentar el contenido de vitamina B y el porcentaje de carbohidratos. Deben ser además dietas ricas en ácidos grasos poliinsaturados (omega 3 y omega 6) y con un contenido alto de fibra.

La reducción del contenido de proteínas, podría no ser adecuado en perros que están en las fases 1 y 2 de la enfermedad, y es muy recomendable en los que se encuentran en las fases 3 y 4. Aún así, y aunque resulte una contradicción, casi todos los veterinarios son partidarios de cambiar a dietas renales al menor síntoma de presencia de NC.

De hecho, se ha demostrado que el uso de este tipo de dietas, reduce considerablemente la presentación de crisis urémicas, hasta en un 75 por 100.

Los perros alimentados con dietas renales, sobrevivieron hasta 13 meses más que los que siguieron con dietas de mantenimiento. Otros estudios demuestran que los perros que consumieron dietas renales sobrevivieron 539 días, mientras que los alimentados con dietas de mantenimiento sólo lo hicieron 188 días.

Cuando se utilizan fármacos se debe tener en cuenta que muchos de ellos se excretan por el riñón y dado que esta función renal estará deteriorada, podrá dar lugar a una tendencia a acumularse en los perros afectados, con lo que se podrán presentar efectos adversos y nefrotoxicidad.

Para evitar este tipo de problemas, se deberán aumentar los tiempos entre toma y toma y a veces reducir la dosis estándar. Uno de los pilares de la terapia consistirá en reducir el exceso de fósforo (hiperfosfatemia), lo que se conseguirá administrando lo que se conoce como quelantes del fósforo a nivel intestinal, que se acompañará como hemos dicho de la restricción de este compuesto en la dieta.

Los quelantes del fósforo son compuestos formulados a base aluminio, en forma de líquidos, comprimidos o cápsulas, y forman parte de lo que se conoce como antiácidos.

Otra alternativa sería el uso de suplementos de calcio en la dieta, que evidentemente estarían contraindicados en aquellos perros cuyos análisis hubieran revelado un exceso de calcio en sangre (hipercalcemia). En la actualidad nos está dando buenos resultados un producto de los laboratorios Vetoquinol a base de chitosan y carbonato cálcico.

En caso de deshidratación se hará necesaria la aplicación de sueros que en muchas ocasiones podrán ser aplicados por el propietario por vía subcutánea en el mismo domicilio. La solución salina normal o lactato sódico serán las que se utilicen con más frecuencia. Un perro deshidratado mostrará estreñimiento, decaimiento y falta de apetito.

Aún así, este tipo de prácticas no están exentas de riesgos en especial si los líquidos administrados sobrepasan la cantidad estrictamente necesaria.

Lo que se conoce como acidosis metabólica podría ser, en un principio, controlada con las dietas renales, pero si una vez que el perro ha comenzado a ingerirlas no se consigue, estará justificado el uso de pequeñas cantidades de bicarbonato sódico. El problema de su administración es su sabor desagradable, lo que hace que muchos perros lo rechacen.




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Maite Rodríguez

<p>Amante de los animales, la naturaleza, y la fotografía. Redacto artículos para mi blog canino, tratando de seleccionar temática que le sea de utilidad al lector, especialmente sobre enfermedades, razas, cuidados y los últimos avances científicos de nuestros fieles y peludos compañeros.</p>

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