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Domingo, 20 Agosto, 2017
 

Por que no debes pegar nunca a tu perro

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Fotografía cortesía de: Anja Troha   www.facebook.com/jollyvicky

 

“¡Perro malo! ¡Te has portado muy mal!”

 
Aunque no tengas perros, seguro que has escuchado estos gritos alguna vez, e incluso puede que los escuches a menudo. Estas amonestaciones, a menudo van acompañadas por el chasquido de la correa cayendo encima del perro, o bien el sonido de un periódico, y casi siempre de manera inevitable, un perro agachándose o tratando de escapar, con el rabo entre las patas. “Seguro que ha aprendido la lección”, pensará el propietario.

Pero el propietario está equivocado.

Una gran cantidad de selectos entrenadores caninos, incluido Cesar Millán, el famoso “encantador de perros”, del canal National Geographic, recomiendan el uso de lo que se denomina “castigo positivo”.

Este es un pensamiento clásico que entra dentro de la teoría de Skinner, un psicólogo conductista del pasado siglo. Su teoría consiste en presentar un estímulo o situación desagradable para el individuo, tras lo cual se espera que disminuya la conducta no deseada.

Por ejemplo, imagina que tienes un perro que salta encima de tus amigos, en cuanto estos se acercan a saludarte. Así que, en cuanto salta de nuevo encima de alguien para saludarlo, tu le das un golpe fuerte en el muslo, deseando que asocie el dolor del golpe que le has asestado, con el hecho de saltar encima de la gente.

De este modo, sentirá menos ganas de saludar saltando. Cesar Millan a este tipo de acciones las denomina eufemísticamente “disciplina”.

“Además de ejercicio, comida, cobijo y afecto, ofrece a tu perro una sana dosis de reglas, obligaciones y disciplina. Y no pienses en la disciplina que le tienes que aplicar, como si fuera un castigo, sino como un regalo mas que le darás a tu mejor amigo para mantenerlo feliz y equilibrado.” Estas palabras de Millán aunque excesivamente edulcoradas, resultan bastante inquietantes.
 

El castigo positivo

 
Porque existen muchos problemas con el castigo “positivo”. Para empezar, es un término demasiado ambiguo. El entrenador canino Pat Miller describe esta deficiencia claramente en su libro “El Poder del Entrenamiento Canino en Positivo”.

Por ejemplo: imagina que tu cachorro se hace pis en la alfombra del salón de tu casa. Enfadado, te pones a gritarle a tu pequeño perro, haciendo que éste recule y salga corriendo. ¡Enhorabuena, (dice Miller en su libro) has conseguido asustar a tu perro!

Sin embargo, lo único que le has comunicado es que no debe mear delante de ti ni tampoco en la alfombra del salón. Por lo que la próxima vez simplemente irá a mear encima de otra alfombra.

Y la lección que querías impartir “no mees dentro de casa”, no queda relacionada con el castigo de ninguna manera en la mente de tu cachorrito. Es más, según una investigación pionera realizada en 1968, dirigida por Richard Solomon en la Universidad de Pensilvania, se ha demostrado que aunque pegues o castigues a tu perro en el mismo momento en que comete el acto indeseado, es poco probable  que comprenda el mensaje que le quieres transmitir.  En cambio, aprenderá una cosa… a tenerte miedo a ti.

No cabe duda que si se realiza rápidamente un castigo positivo, se pueden reducir de manera efectiva los comportamientos no deseados, pero también es cierto que esto provoca al mismo tiempo dos tipos de daño colateral: miedo y agresividad.

En 2009, investigadores de la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad de Pensilvania repartieron una encuesta a los propietarios que previamente habían llevado a sus perros para corregir problemas de agresividad.

En el cuestionario que se realizaron de forma completamente anónima, se les preguntó a los propietarios que explicaran los métodos de entrenamiento y corrección que habían utilizado con sus perros en el pasado, y se les pidió también describir cuales habían sido las respuestas de los animales.

La profesora de Comportamiento Animal de la Universidad de Wisconsin, Patricia McConnell describe los resultados en su blog:

Los enfrentamientos y comportamientos agresivos por parte de los propietarios, acabaron originando niveles de respuestas agresivas por parte de sus perros. El 43% de los perros respondió con agresividad cuando se le dieron patadas, el 38% los propietarios tuvieron que sacar con la mano a la fuerza los objetos de la boca de los perros porque estos se negaban a colaborar, el 36% de los canes tuvo que llevar bozal, el 29% presentó problemas de dominación, y el 26% no respondía a pesar de que se le cogía del pescuezo.

La violencia genera violencia, y la agresividad genera agresividad, añade McConnell. Su conclusión está corroborada por varios estudios adicionales. En 2008, científicos belgas analizaron treinta y tres perros militares. Y pudieron constatar que los perros que habían sido clasificados con una puntuación baja, eran castigados mas a menudo que aquellos que sacaban una buena puntuación. Estos castigos consistían en colgar a los perros por el cuello y colocarles collares de castigo abrasivos.

Al año siguiente, investigadores del Reino Unido detallaron los hallazgos de un estudio realizado en perros de albergues, descubriendo así que los intentos de los humanos por dominar a los canes había resultado en un incremento notable de agresividad en los animales.

“Debemos enseñar a nuestros perros en vez de forzarlos y hacerles daño”, dice McConnell.
 

Patricia McConnell es profesora de etología en la Universidad de Wisconsin-Madison, y ha dedicado su vida a mejorar las relaciones entre animales y seres humanos. Para conocer mas sobre su trabajo, visita su página web:   www.patriciamcconnell.com
 

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Amante de los animales, la naturaleza, y la fotografía. Redacto artículos para mi blog canino, tratando de seleccionar temática que le sea de utilidad al lector, especialmente sobre enfermedades, razas, cuidados y los últimos avances científicos de nuestros fieles y peludos compañeros.